Eran más de las once de la noche, y mi tv estaba prendida, lo cual significaba que aun estaba despierta.
Supuse que se apagaría solo, ya que lo programé para eso...
Pero no se apagaba...
Y yo aún despierta decidí hacerlo...
Lo apagué y cerré mis ojos, no veia llegar el día de mañana, sólo quería soñar.
Antes del segundo paso, me puse a pensar miles de cosas que me han sucedido...
Y creo, que al darme cuenta... mi corazón dejó de latir por unos segundos...
Pensé... Tal vez este día estaba destinado para recordar esos momentos donde siempre he tenido que estar yo (por supuesto) pero me implicaba en cosas malas y buenas a la vez...
Pensé que... he sido siempre la ayuda de los demás... siempre he defendido a los que me nace defender pero... ¿Ellos me han defendido alguna vez a mí?
Recuerdo que de pequeña, mis compañeros de clases me llamaban "La defensora del pueblo" y yo caia en carcajadas al suelo.
Pero el caso es que... me quedé dormida... y no recuerdo en donde quedé.
Me encontraba ahora en un sueño profundo, donde me hallaba conciente de lo que sucedía en ese extraño mundo...
Vi sobre las colinas, una extraña luz, fuera de lo normal, como si me quemara los ojos... pero a la vez era majestuosa.
Esa luz provenia de una pequeña casa, atrás de aquellas colinas...
Fuí a explorar... y llegué hasta ella, pero de repente esa extraña pero incandescente luz desapareció, y la oscuridad de ese mundo se tornó un crepúsculo rojiso violeta, que daba calidéz y paz.
Al sentarme en una de las rocas que habian, oí que gritaban mi nombre... -¡María, María, VEN HACIA MÍ!
Yo sorprendida, me dejé llevar por el extraño sonido, y vi que en una de las ventanas de esa pequeña casa colonial, estaba abierta, y se veia fuera de ella un brazo con un pañuelo verde.
-María, entra, no tengas miedo... ¡Soy yo!
Entré a la extraña casita colonial... y al entrar se asomó un gato siamés, con hermosos ojos y hermoso pelaje.
Acaricié un poco su lomo, para que pudiera acostumbrarse a mi presencia, ya que de costumbre, hago eso con todos los animales, igual no me molesta, de hecho, me parece bien, ellos son como nosotros, sólo necesitamos amor.
De repente llego a notar que... frente a mis ojos, estaba un chico... de poca estatura, blanco como la luna, con esos hermosos ojos, iguales a los del gato.
Me dio un alivio al saber que también su voz era así como su presencia... cálida y hospitalaria...
Quedé prendada por completo.
Me ofreció un poco de chocolate caliente, ya que de repente se le ocurrio la idea de decirme que podría resfriarme con tanto frio...
Y yo, sinceramente, no sentia nada de frio, sólo un calor aliviante y relajante.
Me llevó hasta una pequeña mesa con 2 sillas... Como si hubiera preparado el momento para verme.
Me comentó que era un día muy triste, que no sabía que hubieran personas que tuvieran curiosidad de saber que era esa extraña luz que provenía de su casa, sólo temian y huian.
Yo confundida le pregunté -¿En dónde estoy...?
El me respondio con una sonrisa en su rostro... y me dijo.... que era el lugar esperado en toda mi vida.
Y le dije -¿Pero cómo sabes de mí? He llegado hasta aquí como por hechizo, hipnotizada por esa luz proveniente de esta humilde casa... No sé de ti... No sé de nadie... No sé que significa esto. ¿Qué quieres de mi?
Voltió la mirada y me dijo -Queria que supieras lo importante que eres para este mundo... Tal vez pienses que jamás has venido, pero siempre te hemos esperado, siempre has querido venir... Eres la vida y la muerte... Eres valiente y cobarde... Eres la luz proveniente de este mundo. Siempre te esperamos María...
Yo desperté, como si alguien me hubiera salvado, tal vez no me haya salvado, tal vez era mi hora... Pero me dolia demasiado la cabeza, y de repente se me olvidó todo lo que había soñado por unos momentos, como si hubiera dejado de latir mi corazón por unos minutos...
Luego me moví... para ver si era una mala posición... Pero de repente volvió todo a mi cabeza... lo recordé perfectamente...
Era perfecto... Y no veo el día en que pueda volver a verlo, volver a sentir esa calidéz... Volver a soñar con ese mundo.

María Pérez Vidal.-


